ENTREVISTA | Jesús Cortinas, director del instituto de Priego: “El Bachillerato va a ser difícil de mantener”

Cuando Jesús Cortinas recibió a Las Cuatro Esquinas el 4 de marzo en su despacho del Instituto Diego Jesús Jiménez de Priego, el coronavirus aún parecía un problema lejano y resultaba difícil de creer que las clases fueran a terminar de golpe y porrazo como lo han hecho. Pero lo cierto es que apenas quedaban unos días para que aflorase la gravedad de la situación y se decretara el Estado de Alarma en el que aún sigue sumido el país.

Jesús estaba tratando de buscar una nueva fecha para el intercambio entre alumnos franceses y españoles que se había aplazado precisamente por el coronavirus. Junio parecía una buena opción si no fuera porque coincidiría con los exámenes de recuperación… y si no fuera porque ahora cualquier plan parece precipitado.

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Jesús Cortinas, director del instituto de Priego, en su despacho. | Fotografía: Gabriel Arias.

Qué ocurrirá con las clases perdidas es todavía una incógnita y algo de lo que toda la comunidad educativa está pendiente. Pero cuando se recupere la normalidad, los pasillos de este pequeño instituto volverán a llenarse de risas y carreras por entrar a clase antes de que el profesor cierre la puerta, y Jesús y su equipo tendrán por delante otros retos que suponen una dificultad en el día a día.

La despoblación ha hecho que el número de alumnos baje de 250 a 180 en menos de una década, algo que hace peligrar la continuidad del Bachillerato (puesto en marcha en 2009), y que complica la posibilidad de que se impartan cursos de Formación Profesional, tal y como sugirió el Ayuntamiento hace unos meses. Entre tanto, el instituto de Priego seguirá haciendo malabares para que los alumnos de esta comarca puedan disfrutar de una educación prácticamente personalizada que les permite continuar sus estudios sin encontrar más dificultades que el resto.


– ENTREVISTA CON JESÚS CORTINAS, DIRECTOR DEL INSTITUTO DIEGO JESÚS JIMÉNEZ DE PRIEGO – 4/3/2020 –

¿De qué manera está afectando la despoblación al instituto de Priego?

Llegamos a tener 250 alumnos, que ha sido el pico, y tres cursos de 1º. Ahora mismo no llegamos a 180. Para el curso que viene, para 1º de la ESO solamente vamos a tener 24 nuevos chicos, más cuatro o cinco repetidores. Si fuésemos un instituto de Cuenca perderíamos un grupo, no habría 1º A y 1º B. Confío en que no sea así, en que podamos tener dos primeros de 12 o 13 alumnos.

¿Por qué es importante tener dos grupos?

Porque la calidad educativa funciona muy bien con ratios pequeñas. Hay alumnos que a priori podrías decir que no son brillantes, pero terminan bachillerato perfectamente, van a la EVAU [la prueba para acceder a la Universidad] y hacen un papel muy digno. En grupos pequeños se da una educación de príncipes.

Y porque la plantilla de profesorado depende del número de alumnos que tienes, del número de unidades, y mi papel es velar por alumnos y profesores. Me interesa que sigamos teniendo dos grupos. Ahora tenemos dos 1º, dos 2º, dos 3º, dos 4º, y dos bachilleratos, de ciencias y sociales. El de sociales es muy minoritario. Desde hace dos o tres años ya no tenemos Latín porque sólo tenemos uno o dos alumnos interesados y no se arriesgan a que no haya gente, así que se van.

Ese dato de 170 alumnos para el próximo curso, ¿permite la sostenibilidad del centro tal como está actualmente?

Sí. Las promociones varían mucho; para el año que viene posiblemente haya pocos chicos de 1º de bachillerato, pero seguramente al año siguiente habrá más.

Con esta situación, ¿cómo se plantea la posibilidad de que se impartan cursos de formación profesional aquí en Priego?

Esa pregunta siempre está en el aire y es una expectativa que siempre se plantea. Montar algo de formación profesional ordinaria, oficial, es muy difícil porque te piden que cuentes con un número de alumnos, en torno a 15, que puedan tener continuidad en el tiempo. Es decir, que tú puedas mantener a 15 alumnos de una rama en concreto durante unos años. Si no, la inversión de la administración no se ve rentable. Es muy complicado. Lo que nosotros hemos intentado hacer dos o tres años es mover los planes de garantía juvenil, que valen para chicos que tienen entre 16 y 30 años que no hacen nada. Pero ocurre lo mismo: tienes que juntar un número de alumnos que también anda en torno a 15. Lo que es difícil es saber qué curso se elige. ¿Geriatría? ¿Aprovechamientos forestales? Te encuentras con siete u ocho. No somos capaces de juntar a un número razonable de personas con los mismos intereses dispuestos a venir a hacerlo. Estos cursos serían fuera del horario lectivo y no habría ningún problema en utilizar el edificio viejo porque ya lo hemos hablado con Salvador [el alcalde], que de hecho está haciendo fuerza para que la administración plantee algo. La parte administrativa la podríamos hacer nosotros, pero la dificultad está en reunir gente. Es demasiado tarde.

Quizá unos años antes…

Quizá, porque ya estaría asentado, ya estaría la infraestructura. No es lo mismo mantener una inversión que ya está hecha aunque sea perdiendo alumnos, que hacer la inversión sin tener la continuidad asegurada…

Y con la expectativa de que la población siga descendiendo.

Los números son demoledores. La comarca tiene 178 alumnos en 22 localidades más Priego. Hace 10 años había gente de San Pedro Palmiches, de Alcantud, Fuertescusa… y ahora ya no tenemos a nadie de esos pueblos. El Recuenco y Cueva del Hierro los perdimos pero los hemos recuperado. Y así nos van a ir cayendo todos. Para el próximo curso no viene ni un solo alumno de Beteta. Su colegio no tiene alumnos en sexto curso que puedan venir al instituto.

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Fachada principal del instituto Diego Jesús Jiménez. | Fotografía: G.A.

¿Es descabellado pensar que se pudiera llegar a suprimir el servicio de Educación Secundaria en Priego?

El de secundaria yo creo que, en tanto que haya 10 o 20 alumnos, se mantiene. El que va a ser difícil de mantener va a ser el de Bachillerato, que tiene ahora mismo entre 40 y 50. Hay materias de bachillerato con una o dos personas. Yo no pido profesores; con el número de profesores legalmente asignado organizo lo que puedo. No pido un gasto extra a la administración para mantener una materia con dos o tres alumnos. Es imposible que los alumnos de bachillerato de esta zona tengan las mismas oportunidades que los de Cuenca, pero al menos que no salgan muy perjudicados.

¿Por qué es importante que haya instituto y Bachillerato en Priego?

Mientras que lo tengamos lo tenemos que cuidar y conservar. Todo dependerá de la situación económica, y si volvemos a tener una recesión cogerán los números y nos dirán que no es viable.

Desde que hay Bachillerato en Priego, ¿habéis comprobado que hay alumnos que se hayan quedado en sus pueblos?

No muchos. Cuando subo a decir unas palabras en los actos de graduación digo que es una pena muy grande que cogemos lo mejor de cada casa, lo formamos lo mejor que podemos, y lo enviamos fuera. Sería interesante que el esfuerzo que se hace aquí algún día revierta. De los que han terminado Bachillerato, muy pocos se han quedado aquí. La gente termina su carrera, sigue hacia lo que ha estudiado, y eso aquí no lo tiene.

En los últimos años se ha abierto paso en el debate el uso de la tecnología y las redes sociales, ¿cómo se convive con ellas en el instituto de Priego?

Hay una directriz europea que dice que los menores de 16 años no deben tener móvil y que, por supuesto, está prohibido en los institutos. Es una directriz europea, no una ley de obligado cumplimiento. En nuestro proyecto educativo tenemos recogido el uso de los teléfonos móviles dentro del instituto de una manera razonable. Entendemos que es una herramienta muy poderosa y que lo suyo es educar a la gente en el uso de la herramienta que lleva en el bolsillo. Nos genera muchos problemas. Está el debate de hasta dónde es razonable el uso, si se le puede o no retirar el móvil a alguien porque está haciendo un uso indebido del mismo… Andamos en el límite de la legalidad. Nosotros seguimos retirando teléfonos, pero eso supone enfrentamientos con el profesor. Les decimos que los apaguen, que les quiten la tarjeta si quieren, y los guardamos en la caja fuerte. Eso está recogido en las normas del centro.

Otra cuestión que se ha abierto paso en el debate sobre la convivencia en los centros educativos es el acoso escolar, el bullying. ¿Qué protocolos tenéis aquí?

Seguimos siendo un centro tranquilo, pero siempre hay alguien que mete la pata. La mayoría de los problemas de acoso que llegan aquí tienen su origen en las redes sociales, en Instagram, en los grupos de Whatsapp… Casi todos los años tenemos algún caso.

¿Cómo se detectan y cómo se resuelven?

Detectarlo es lo más complicado. Este año tenemos un programa de Alumnos ayuda. En los grupos de 1º y 2º hay alumnos que trabajan con la orientadora y con el jefe de estudios. Los chicos les llaman ‘los chivatos’, pero no son chivatos. Son chicos que están pendientes de lo que pasa y de si pueden ayudar sin que intervengamos nosotros, o tienen que informarnos. De todas formas, la mayoría de las veces que hemos tenido conocimiento de estos problemas es porque el padre o la madre vienen a hablar con nosotros.

¿Hay casos graves?

Algunas cosas sí. Hay un protocolo de la Junta: se informa a las familias, se habla con los alumnos, se informa a inspección y se decide una serie de actuaciones.

Cuando el acosador se ve envuelto en ese lío, ¿qué respuesta hay en él?

Normalmente termina aceptando la culpabilidad y cambiando, pero hay rencillas que se quedan ocultas, que permanecen, y sabes que esos dos chicos no van a ser amigos en su vida. Pero conviven.

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