Señalando a un banco rodeado de pipas: “Esa es la zona de las madres”

[ARTÍCULO PUBLICADO EN LA EDICIÓN IMPRESA DE LAS CUATRO ESQUINAS EL 1 DE OCTUBRE DE 2013] Sitúense en el parque del pueblo. Un joven de unos veintitantos años se acerca a la papelera para tirar una bolsa de gusanitos, y una señora que lo está siguiendo con la mirada le sugiere que la tire al suelo: “Luego la limpian las barredoras”. El planteamiento que se resume en esa frase sirve para ilustrar el lamentable estado de suciedad que presentan buena parte de los espacios públicos, en especial el parque Luis Ocaña.

La escena, de la que fue testigo este periodista, ha motivado la redacción de este artículo. Un día después, en el parque, otra mujer explica a Las Cuatro Esquinas que “la zona de las madres” es un banco que resulta estar rodeado de pipas. “¡Con lo fácil que es hacer un montocillo y luego tirarlo a la papelera!”, exclama. Y en ese momento, tres niños lanzan botes y latas de refresco por la verja de La Canaleja. Les llama la atención la madre de uno de ellos; el resto de padres, o no están, o les da igual.

suciedad vandalismo parque

Fotografía del parque Luis Ocaña tomada en 2015 pero que, en realidad, se podría haber tomado en cualquier otro momento. | Gabriel Arias.

Para algunos, el problema se debe a un servicio de limpieza deficiente; para otros, a la falta de respeto que muestran muchos ciudadanos. “La gente tiene que tener conciencia de salir a los espacios públicos y cuidarlos. Los padres son responsables de sus hijos y del cuidado de las instalaciones”, comenta Ángel, que visita Priego con relativa frecuencia. Y, precisamente, las instalaciones no están bien conservadas: el alumbrado que se instaló en el parque hace casi siete años permanece inutilizado porque varias farolas se destrozaron a los pocos días de empezar a funcionar, y la fuente, según la Alcaldía, tiene dos metros de tubería atascados porque los niños la han llenado de arena.

Aunque estas conductas pueden ser sancionadas con hasta 1.000 euros, el Ayuntamiento reconoce que todavía no ha planteado ninguna demanda. Y no es por falta de motivos, sino por carecer de vigilancia: “No tenemos Policía Local, y la Guardia Civil…”, se excusan desde el Consistorio.

El estado cochambroso de algunos espacios levanta quejas no sólo entre los vecinos, sino también entre quienes visitan el pueblo: “Priego no está bien cuidado”, se queja una turista madrileña, y sentencia: “No podemos tirar las cosas allí por donde vamos. Si en tu casa no lo haces, aquí tampoco”.

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