La tormenta de granizos como “huevos de gallina” que provocó una desastrosa inundación en Priego

Según el Ministerio de Medio Ambiente, Priego tiene un “riesgo potencial” de sufrir inundaciones al estar ubicado sobre el cauce del arroyo del Corzo. Cada 10 años puede producirse una riada no demasiado potente que anegaría La Plaza y toda la calle del Doctor Nicolás Herráiz, conocida como calle del arroyo porque éste discurre bajo el asfalto. A medida que aumenta la intensidad de las inundaciones, desciende la probabilidad de que ocurran una vez cada 50 años, cada 100 o cada 500. En éste último caso, el agua entraría en decenas de edificios.

Por las crónicas que escribieron los periódicos del momento, la riada ocurrida en 1865 debió de tener una gravedad impredecible. Los hechos tuvieron lugar en el mes de septiembre, cuando son frecuentes las tormentas que descargan mucha agua en poco tiempo. No está claro qué día se produjo el fatal acontecimiento, pero se sabe que a eso de las tres de la tarde comenzaron a juntarse “unas nubecillas que, sin ningún relámpago, no dejaban por eso de dejar sentir una continuación no interrumpida de truenos”.

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Portada del periódico La España en el que se informó sobre los acontecimientos ocurridos en Priego. | Fuente: Hemeroteca de la Biblioteca Nacional.

Fue así como lo contó un vecino del pueblo en una carta que acabó publicada en el periódico La España el 10 de septiembre de 1865, hace 154 años. Su relato, plagado de detalles, indicaba que las nubes se habían encaminado hacia Alcantud y la Sierra del Rodenal, empezando entonces “a arrojar agua a torrentes y alguno que otro granizo del tamaño de una nuez”.

La tormenta se interrumpió por unos instantes, pero retornó pasados unos minutos e incluso agravó su intensidad con granizos que superaban el tamaño de los “huevos de gallina”. “Después de estar así como media hora, cesó, y cuál sería el terror y desconsuelo de este vecindario al ver llegar por el arroyo que atraviesa la población un cerro formidable de aquella materia”.

Este pequeño riachuelo, que la mayor parte del año discurre completamente seco, nace en un paraje situado a dos kilómetros del Convento del Rosal –en dirección a Alcantud– y recoge toda el agua que baja por las faldas del Rodenal. Tal debió de ser aquella riada, que el cauce del arroyo, que posiblemente se estrechara al entrar en el pueblo, se quedó pequeño ante el muro de granizos que estaba siendo arrastrado por el agua.

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Vista área de Priego tomada en el siglo XX. | Fotografía: Foro Priego en Facebook.

Los 1.800 habitantes que por aquel entonces tenía Priego asistieron estupefactos al hundimiento de una vivienda que no aguantó el empuje del torrente. Al paso de la riada quedaron inundadas “las calles contiguas, las casas, plazas, bodegas… en fin, cuanto había a la inmediación de doscientos pasos y al nivel de dos varas de sobre el álveo de dicho arroyo, teniendo que salir por los tejados de más de veinte casas sus desgraciados moradores”.

No hubo que lamentar desgracias personales pero sí la muerte de algunos animales domésticos y cuantiosos destrozos en los campos de cultivo. Las pérdidas materiales en el pueblo fueron muchas, “inmensas” según lo expresado por el autor de la carta. “Baste con decir que el dueño de la casa arrebatada por la corriente es uno de los primeros contribuyentes del pueblo, y cuanto trigo, aceite, vino, etc… tenía en ella, nada se ha visto”. Cuando las aguas descendieron, las bodegas de vino y las almazaras aparecieron “repletas de granizos”, y en algunas tiendas se perdió todo el capital “de sus infelices tenderos”. El relato publicado por La España concluía con un detalle que daba cuenta de la magnitud de la catástrofe: “De las pérdidas en la riqueza agrícola, yo no podré decir sino lo que he oído, y es que se ha concluido la recolección por este año”.

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El arroyo del Corzo baja seco la mayor parte del año. | Fotografía: Gabriel Arias.


CARTA ÍNTEGRA SOBRE LAS INUNDACIONES OCURRIDAS EN PRIEGO EN 1865. PUBLICADA POR EL PERIÓDICO LA ESPAÑA EL 10 DE SEPTIEMBRE.

De Priego de Cuenca escriben á un periódico la siguiente carta que contiene tristes detalles de los estragos causados en dicho pueblo por una desastrosa inundación. Dice así: «Serían las tres de la tarde del día de ayer cuando fueron juntándose algunas nubecillas que, sin ningún relámpago, no dejaban por eso de dejar sentir una continuación no interrumpida de truenos; la nube aumentó conforme caminaba hacia el Norte y Este, retrocediendo desde lo alto de la sierra y empezando á arrojar agua á torrentes y alguno que otro granizo del tamaño de una nuez; despues cesó algunos instantes, y su continuación fué arrojando granizos menudos que fué aumentando hasta llegar la mayor parte de ellos al tamaño de huevos de gallina, y entre estos muchos bastante mas grandes. Después de estar asi como media hora, cesó; y cuál sería el terror y desconsuelo de esta vecindario al ver llegar por el arroyo que atraviesa la población un cerro formidable de aquella materia, que arrastrada por el agua no pudo pasar por la calle que va el arroyo, sino hundiendo la primera casa que encontró a su paso, inundando las calles contiguas, las casas, plazas, bodegas… en fin, cuanto había á la inmediación de doscientos pasos y al nivel de dos varas de sobre el álveo de dicho arroyo, teniendo que salir por los tejados de mas de veinte casas sus desgraciados moradores.

Las pérdidas son inmensas; hoy no pueden fijarse, pero baste decir que el dueño de la casa arrebatada por la corriente es uno de los primeros contribuyentes del pueblo, y cuanto trigo, aceite, vino, etc… tenia en ella, nada se ha visto; que las mejores bodegas y aceiteros se hallan repletos de granizos é inmundancia, sin poder penetrar en ellos, y en algunos que ha podido nacerse han encontrado las tinajas llenas de esa podre, cuya presión ha hecho marcharse el caldo ó líquidos que contenía; que hay tiendas cuyo valor en telas y comestibles perdidos constituían el capital de los infelices tenderos; de mi casa nada digo, pues solo de los efectos del estanco he perdido cuanta existencia había; de lo mio,., muchísimo. Animales domésticos han perecido también bastantes. De las pérdidas en la riqueza agrícola, yo no podré decir sino lo que he oído, y es que se ha concluido la recolección por este año.».

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