Los empresarios que todavía resisten

[ARTÍCULO PUBLICADO EN LA EDICIÓN IMPRESA DE LAS CUATRO ESQUINAS EL 10 DE FEBRERO DE 2017] Si 2016 terminó con malas noticias para los empresarios locales, 2017 no ha empezado mucho mejor. En el primer mes del año han cerrado sus puertas la frutería El rincón de la fruta y el bar Machaquito. Y aunque podríamos pensar que de estos cierres se beneficiarán los negocios de la competencia, nada más lejos de la realidad. Todo el pueblo pierde cada vez que una empresa dice adiós.

Al menos ésta es la opinión que han trasladado a este periódico algunos comerciantes que resisten como pueden, asustados por la forma en que se ha acelerado esta tromba de malas noticias. “El cierre del hotel nos está perjudicando a todos”, dice el alfarero Jesús Parra. “La gente venía, te compraba un cántaro o se comía un gorrino, y ahora es una ruina. Si no hay gente no hay consumo”. Cada vez que llegaba al hotel un autobús, desembarcaban en Priego 20 o 30 personas que siempre dejaban algún beneficio a otros negocios del pueblo. “Se tomaban un café o un zumo por las mañanas”, explica a este periódico Iva, responsable del bar que lleva su mismo nombre, y añade que lo más importante es que esos grupos de turistas daban alegría a las calles de Priego, que cada vez están más deprimidas.

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La mercería La Maja es uno de los comercios que han cerrado en los últimos años, aunque en su caso ha sido “por jubilación”. | Fotografía: Gabriel Arias.

Y quizá la calle que mejor refleja esta situación es la que recorre el pueblo desde el parque hasta la plaza de toros. El cierre del restaurante San Nicolás de Bari ha dejado un enorme vacío. Ya no se escuchan las voces de quienes apuraban el último chato de vino; ya no puedes saludar al que se estaba fumando un cigarro en la puerta. Las luces de la fachada están completamente apagadas y las persianas bajadas, como si hubiera que proteger al edificio ante el paso de un ciclón. Y si sigues toda la calle arriba, antes de llegar a la fuente El Chorrillo, notarás más frío que nunca, el frío que dejaron las discotecas cuando echaron el cierre hace menos de tres años, algo que perjudicó especialmente a los jóvenes. Ahora se suben algunos sábados al pub de Cañamares, y la Noche Vieja la celebraron en Cuenca. No sólo es triste que los chavales tengan que irse a otros pueblos para pasárselo bien un rato, es además peligroso, porque si sus padres no los traen de vuelta o alguno de ellos se compromete a no beber, a menudo suelen montar en el coche con irresponsables que se han inflado a cubatas.

Pero no sólo es un drama que cierren las tiendas porque restan vitalidad al pueblo y opciones a los clientes; también porque los propietarios suelen marcharse de Priego en busca de otras oportunidades. Es lo que han hecho los dueños del hotel, los del San Nicolás, la propietaria de la mercería o aquella familia que abrió durante unos meses el supermercado que hay frente al bar Jose.

Los clientes se mueren o han emigrado

Este es el problema al que se enfrentan la mayoría de comercios del pueblo. Los clientes más fieles son las personas mayores que no pueden viajar a Cuenca para hacer allí la compra del mes. Pero muchos de ellos se van muriendo poco a poco, explica a Las Cuatro Esquinas Emilio, responsable de la droguería Julia. Dice que a ellos el negocio les funciona bien pero que están notando mucho la despoblación, especialmente la de los pueblos de la comarca. “Hay mucha gente que baja a Priego a hacer gestiones al banco y de paso compra aquí, pero cada vez son menos”, añade este veterano empresario, que recuerda que ellos no pueden tener los precios más bajos que las grandes superficies porque venden menos que ellas.

La despoblación es el principal reto para los comercios del pueblo, pero hay algunos a los que no perjudica tan directamente, como al hostal Los Claveles, el negocio más antiguo del pueblo. Su responsable, Beatriz, explica que sus clientes son mayoritariamente turistas, pero matiza que la despoblación también les perjudica de manera indirecta: “A la gente que se hospeda en casa le gusta salir al pueblo, ver gente y tener otros lugares donde tomarse una cerveza, o subirse al pub”. Ella dice tener claro que las empresas del pueblo no compiten entre sí sino que se benefician unas de otras. “Es beneficio, no competencia, porque donde hay un solo negocio no se hace nada, no hay vida”. Evidentemente, a la mayoría de los turistas que se alojan en su hostal no les interesa llegar a un pueblo de calles desérticas y comercios cerrados.

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El restaurante y hostal San Nicolás de Bari cerró en 2017. | Fotografía: Gabriel Arias.

Pero entre tanta mala noticia, un rayo de sol. En estos primeros días de febrero ha abierto en La Plaza una pequeña tienda en la que se venden fruta, plantas, productos de jardinería y piensos para mascotas y animales ganaderos. Detrás del mostrador os encontraréis a Alicia, una mujer que vivió en Priego hace años mientras aprendía a trabajar el mimbre, y que ha decidido volver para emprender este negocio. Aunque reconoce que los comentarios que está escuchando sobre la situación del pueblo no son muy alentadores, dice tener esperanzas y, sobre todo, ser consciente de que no se va a hacer rica: “Sólo espero que por lo menos me dé para vivir”. Suerte.

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