Carta de opinión: “A don Antonio Nieto Martínez, profesor del colegio público de Priego”

A lo largo de los años, los tiempos van cambiando y avanzando, costumbres arraigadas desde antaño, aprendizajes basados en la paciencia, sabiduría y ejemplos adquiridos, a lo largo de la vida.

Éxito garantizado y más que demostrado, durante todos los años que en el centro ha cursado, ha basado su enseñanza: en el ejemplo, palabras y técnicas acertadas.
Ante todo, buena persona y caballero, ese gran maestro de corte sencillo y enorme talento.

Hombre cercano, al que jamás le importó ni importa tender la mano, solidario en valores y educador de la vida. Echarán de menos en el centro, todo aquello que gracias a él y a sus compañeros, les sirvió para formarse y aprender, todo ello para llegar a ser, lo que hoy son y es digno de agradecer.

Muchos cursos son los que han pasado y a los que usted ha enseñado y tratado, donde los mismos guardan y guardarán un gran recuerdo, desde su primera clase, a esos ratos de patio y de recreo, hasta el momento de terminar sus estudios, en dicho centro ”su colegio”.

Todos los compañeros que a lo largo de su trayectoria le acompañaron y han ido pasando, no olvidan ni olvidarán: su trayectoria, su cercanía, su compañerismo, su gran desarrollo, su preocupación y su don de gentes, ocupando durante años, la dirección del centro docente.

Nadie olvidará y es de recordar, el que usted curara tantas heridas y de distintos tipos en la vida, ni el secado de todas esas lágrimas o de esos simples gestos de preocupación o acercamiento, ni de ese trato directo y cercado hacia los docentes, padres y alumnados, que a lo largo de su vida docente se han ido cruzando, gestos todos ellos, que le han caracterizado.

Es hora de su jubilación y solo queda ofrecerle y prometerle, que sus enseñanzas serán perennes, no sólo en la memoria, sino en el corazón de toda esa gente, que a lo largo de su vida y destino, lo tendrá presente.

No hay mejor tatuaje, que el que no tiene color, reflejando el sentimiento de lo que aportó este gran educador, todo ello sin pasar dolor, siendo de tinta permanente, en el corazón.

Don Antonio, vaya bien orgulloso de lo que ha aportado y aportó, es hora de dedicarse en pleno a su familia y disfrutar de ese tiempo que su esfuerzo se ganó, por el maravilloso desempeño a su labor.

Cualquier homenaje se quedaría corto, para lo que en su etapa docente desarrolló y aportó. Reciba mis humildes palabras desde el cariño y admiración.

Un fuerte abrazo y gracias infinitas profesor.

José Alberto Estival.

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