Antonio Nieto: “El ciclo del colegio ha terminado y ahora me gustaría hacer algo por Priego”

Antonio Nieto, al que todos ustedes conocerán principalmente por haber sido maestro, director del colegio y alcalde de Priego, llevaba meses engañado por sus compañeros del cole, que a sus espaldas estaban organizando un homenaje para transmitirle su reconocimiento por 43 años dedicados en cuerpo y alma a la enseñanza. Antonio se jubiló a finales del año pasado, y este sábado 28 de septiembre, en el Convento de San Miguel de la Victoria, sintió, como dice haber sentido muchas otras veces, el respeto y el cariño de quienes le han conocido.

Subió al convento como si se tratara de una visita rutinaria al Santo Cristo, y no tardó mucho, por ser inevitable ocultar tantas sorpresas y caras de entusiasmo, en descubrir que aquella tarde a los pies de la Sierra del Rodenal iba a ser especial.

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Familiares, amigos y compañeros de Antonio Nieto no quisieron perderse el homenaje. | Fotografía: Gabriel Arias.

Pronto empezaron a destaparse los regalos. Acompañado de medio centenar de personas entre familia, amigos, compañeros y excompañeros, Antonio vio pasar su vida en el vídeo que con todo lujo de detalles le habían preparado, una especie de álbum fotográfico cargado de recuerdos de su infancia, de su juventud, de sus primeros años en el colegio y en la Alcaldía, un álbum de imágenes en blanco y negro, luego en color, y en el que siempre estaba acompañado por personas que, con toda seguridad, tenían y tienen más que buenas palabras de él.

A la sombra de La Carrasquilla, asomados al balcón de El Estrecho, los amigos de Antonio comieron, bebieron y bailaron, porque también hubo música, la que aportó con su voz y su guitarra Jesús Rosillo, cuyo repertorio de José Luis Perales no podría gustar más a este maestro de la escuela rural, que a lo largo de cuatro décadas ha enseñado a dividir y a poner tildes a toda la juventud pricense.

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Hubo ocasión para el baile, en este caso con su hija Ana. | Fotografía: G.A.

Antonio ha vivido todas las transformaciones posibles. La que llegó a España con el final de la dictadura, las que se han producido cada vez que el Gobierno de turno ha cambiado los planes educativos, la mudanza de las escuelas viejas –ese edificio de la calle del Remedio que tanto le gusta–, y la brutal reforma que se realizó en el colegio nuevo (léase nuevo entre comillas) para adaptarlo a las necesidades del alumnado, aunque se le privara de las montañitas del patio en las que tan buenos momentos pasaron los críos manchándose las rodillas con verdín y buscando almendrucos.

El sábado fue un día para el recuerdo en el que don Antonio pudo reencontrarse con muchos de los compañeros que han dado clase con él en Priego. Pero, además de la nostalgia y de echar la vista atrás para rescatar los buenos momentos, Antonio también mira al futuro, pues ahora, al estar jubilado, tendrá tiempo suficiente para hacer otras cosas que, como la enseñanza, también le apasionan. Y entre esas cosas, Priego parece tener un lugar bien destacado.

Aunque vive en Albendea, donde nació, Antonio ha pasado casi toda su vida en Priego, en el que empezó a dar clases cuando tenía 20 años y del que fue alcalde  al cumplir los 25, convirtiéndose en “el más joven de España”, recuerda en su conversación con Las Cuatro Esquinas. Priego está en su boca a cada segundo que pasa; Priego, el pueblo que, según dice, le ha devuelto con creces todo el cariño y la dedicación que él le ha dado.

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Antonio explica los paisajes de la sierra a sus compañeras del colegio. | Fotografía: G.A.


ENTREVISTA CON ANTONIO NIETO, MAESTRO DEL COLEGIO DE PRIEGO DURANTE 43 AÑOS.
(28 de septiembre de 2019)

 

PREGUNTA: ¿Cómo recuerda su primer día de clase?

RESPUESTA: Tuve la ventaja de que he estado en contacto con Priego prácticamente desde que nací porque venía aquí a trabajar con mi padre, pero jamás esperé tener la suerte de que me dieran Priego y estar aquí trabajando 43 años y encima a gusto. Recuerdo cuando entré en ese edificio de la calle del Remedio, que es una pena que esté así, que me dijeron: “Vas a llevar todas las asignaturas de séptimo y octavo”.

[Antonio mira al frente y esboza una sonrisa]

¿Por qué sonríe, porque fue un reto para usted?

Era un reto porque yo jamás había llevado séptimo y octavo. Pero además, con todas las asignaturas. Di educación física, matemáticas, lengua, francés… Y fue un reto enorme pero muy agradable. Recuerdo mis primeros años en Priego, con 20 años, que me dieran un sitio en el que estaba a gusto, aquel edificio precioso en el que estábamos… Lo recuerdo y parece que me estoy trasladando ahora al año 75, en esta fecha, en octubre. Cuando pasé al patio de la escuela el primer día de clase, qué sensación tan bonita tuve. Había alumnos que me conocían un montón, se llevaban cinco años conmigo, y fue un reto, pero también tenía el temor de que era alguien conocido.

¿Por qué?

No sé. Yo tampoco he sido una persona muy autoritaria. He sido bastante tolerante y flexible. En los 43 años que he estado aquí me llevo una mochila cargada de cosas buenas y ninguna mala. Eso es lo que estoy valorando hoy, que la carga que tengo es totalmente positiva, y ese primer día tuve unas sensaciones buenísimas.

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Una de las sorpresas fue este escritorio que imitaba a los pupitres de antaño. | Fotografía: A.N.

¿Cuántos años tenía cuando empezó a dar clases?

Veinte años, iba a cumplir 21. En realidad, era uno más de la escuela. Había muy poca diferencia de edad pero nos tratábamos de una forma muy respetuosa. En aquella época no había los medios tecnológicos que hay ahora y después de la escuela nos quedábamos allí para hacer mecanográfica, actividades deportivas… Lo que ahora se llaman actividades complementarias, pero de una forma totalmente altruista y para que disfrutaran los críos. Me comentan ahora algunos: “Qué bien me vino aquello de la mecanografía”.

Hasta que cometí… no el error…. no sé… de pasar al Ayuntamiento en el año 79. Me dijeron los alumnos que no lo hiciera, porque iba a compartir la enseñanza, y de hecho tenían razón porque me quitó mucho tiempo. Salía a las cinco de la escuela y hasta las doce en al ayuntamiento todos los días. Con dos cosas al mismo tiempo intentas cumplir, yo he sido siempre muy responsable, pero cuesta trabajo.

Esa es otra de las actividades por las que se le recuerda a usted, por su etapa como alcalde. ¿Por qué decidió, con 25 años, presentarse a las elecciones?

Llevaba aquí cinco años y estaba muy a gusto. Hubo padres que vieron que me implicaba y que tenía motivación, y ellos me lo pidieron [que se presentara a las elecciones]. Al principio me negué, pero luego dije: “Bueno, si es trabajar por Priego…”. He nacido y he dormido en Albendea, pero he vivido siempre en Priego. Para mí Priego es algo especial, es una maravilla, pero no como pueblo, sino la gente. A mí me han devuelto muchísimo cariño, más del que he podido dar. Entonces, sentí que podía hacer algo por el pueblo, lo que pasa es que fue una lástima que me pillara en unos años en los que todavía no funcionaba la economía administrativa de la comunidad, porque no existía Castilla-La Mancha, entonces, tuvimos unos medios muy pequeños. Pero la verdad es que con interés se hacen muchas cosas: el jardinillo lo hicimos entonces, la plaza, el centro de mayores, el campo de fútbol de Las Monjas, las viviendas de la plaza de toros… Sólo con eso, me alegra haber contribuido. Después me lo han propuesto muchas veces, pero siempre digo “No” a segundas partes. Me lo han propuesto hasta hace cuatro días, pero creo, no sé por qué tengo esa manía, que segundas partes nunca fueron buenas. Aquello fue una etapa que se quemó entonces y creo que no voy a repetir.

¿Cree?

Creo que no. Pero no por nada, porque aquello se quedó allí. Me admiro ahora, y me da pena, cuando veo la convivencia del Ayuntamiento, de los Ayuntamientos que ha habido, no del de ahora, porque con nosotros no había ideologías ni cosas de esas, había un grupo trabajando por Priego. Todos nos implicamos en el mismo grupo.

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El cantante Jesús Rosillo actuó en la fiesta sorpresa. | Fotografía: G.A.

¿Cómo recuerda su último día como maestro hace ahora casi un año?

Nadie sabía que era mi último día dando clase. Lo viví yo solo con una intensidad muy grande. Hasta lo tengo grabado, lo grabó un compañero. Lo recuerdo con la misma ilusión y el mismo respeto que el primer día. Hay gente que termina cansada, agotada, pero yo abrí la ventana, que tiene esas vistas maravillosas, y que lo hiciera con esa alegría y esa dedicación después de 43 años… no me hubiera importado continuar, pero también creo que terminé en el momento que tenía que terminar. Ni antes ni después. En el momento justo, con 65 años.

En octubre de 2018 dejó de ser maestro pero la Dirección del centro la había dejado un año antes, ¿por qué?

Más que nada para que alguien fuera codeándose en el tema. La cogieron dos chicas, Montse y Cristina, y ellas la llevan. Se la dejé ese año porque viene bien tener un rodaje, e irme sin más y dejar todo en el archivo… pues no. Les ayudé durante un año. Si lo tuviera que repetir ahora, a lo mejor ese año no lo hubiera hecho. Creo que me tenía que haber ido con todo.

¿Por qué?

Lo hice por el interés del colegio pero, por mi situación propia, lo hubiera hecho al mismo tiempo porque fueron dos desenlaces y hubiera preferido hacerlo al mismo tiempo, pero ocurrió así y no estoy arrepentido. Me arrepiento de lo que no he hecho, lo que hice está hecho y quizá ha servido para algo importante. Y la verdad, tengo que reseñar que haber estado 43 años trabajando en Priego, con vocación, a gusto, con ilusión, hasta el último día, y que encima te paguen por eso, no tiene precio. No todo el mundo puede disfrutar así del trabajo. Las familias y los alumnos me han respondido tan bien… me maravilla. De hecho, fíjate si lo he vivido a gusto, que la gente pensaba que iba a notar el vacío después, y no lo he notado porque mi mochila ya estaba cargada de lo que tenía que estar cargada, entonces no necesitaba más. El ciclo había terminado y ahora no voy a estar amargado diciendo “quiero ir a la escuela”. Ahora me gustaría hacer algo por Priego. Estoy recogiendo material, que tenía mucho guardado sin clasificar, y estoy con ello ahora, aunque no sé si me va a dar tiempo.

¿Alguna pista?

No es que no te quiera dar pistas… es que todo el material que tengo de historias, de tradiciones, del alumnado…

¿Un libro?

No lo sé, no lo sé. A lo mejor no es un libro. Ahora, con las nuevas tecnologías…

¿Un diario en internet?

También, también. Tengo muchísimo material acumulado y ahora tengo tiempo de clasificarlo, de verlo, de valorarlo… Y si veo que es importante para Priego, pues haré algo, y si no, lo dejaré ahí para los que vengan después.

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