La Locura Pricense ofrecerá al Ayuntamiento la cesión temporal de la plaza de toros

La Locura Pricense S.L., sociedad propietaria de la plaza de toros de Priego, ofrecerá al Ayuntamiento la posibilidad de que gestione el emblemático edificio taurino durante un periodo de tiempo que ambas partes tendrían que acordar. Así lo confirman a este periódico varias fuentes consultadas que conocen las intenciones de la sociedad administradora, que a principios de septiembre celebró una asamblea para trasladar esta iniciativa a los accionistas de la plaza.

Según estas fuentes, la fórmula empleada consistiría en formalizar un contrato de cesión de uso en favor del Ayuntamiento, que tendría que rehabilitar la plaza y encargarse de su mantenimiento pero, a cambio, ingresaría los beneficios de los eventos que en ella pudiera celebrar. Sería, a grandes rasgos, un acuerdo similar al que hubo entre La Locura y el Ayuntamiento durante las últimas dos décadas del siglo pasado.

Aunque los propietarios del coso todavía no han trasladado su propuesta al Ayuntamiento, el alcalde ya dijo estar al corriente de esta cuestión en el pleno del pasado 6 de septiembre, en el que comunicó al resto de concejales que los propietarios quieren “donarla” y recalificar los terrenos de alrededor para darles un uso urbanizable. “Nanai de la china. Ni una cosa ni la otra. Ni nos hacemos cargo de la plaza de toros, ni hacemos aquello urbanizable. Eso es un muerto al que habría que meterle un montón de dinero para levantar la ruina”, criticó Salvador Martínez.

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Estado actual de la plaza de toros. | Fotografía: Las Cuatro Esquinas.

La buena sintonía entre La Locura y el Ayuntamiento de Priego ha sido imposible desde finales del año 2000. Entre ambas partes se formalizó en la década de 1980 un acuerdo de cesión gratuita para que la plaza de toros pasara a manos del Ayuntamiento. Éste, a cambio, pagaba los impuestos y se hacía cargo del mantenimiento del edificio, según explicó Jesús Valle Martínez, representante de la sociedad, en una carta publicada por el periódico Ilusiones en el año 2002.

El acuerdo –continuaba la carta de Valle– fue respetado por las Alcaldías de Pedro Oter, José Pérez y Francisco Pobo. En 1999, el Ayuntamiento de Luis Remón (PSOE) pidió firmar con los propietarios un contrato de cesión de uso que incluía, según un documento publicado por Ilusiones, la siguiente cláusula: “El Ayuntamiento de Priego será responsable del mantenimiento de las instalaciones de la plaza de toros”. Luis Remón utilizó este edificio para corridas de toros y otros eventos públicos, sin embargo, en el año 2001 se decretó su cierre ya que la arquitecta del Ayuntamiento consideró que el edificio estaba en ruinas.

Luis Remón, que también manifestó su versión en las páginas de Ilusiones, se escudó en que el deterioro de la plaza venía “de atrás” y que, al tratarse de una propiedad privada, el Ayuntamiento no podía reformarla con dinero público. Sin embargo, los propietarios de la plaza le recordaron que él mismo había firmado ese contrato de cesión y que, si había celebrado eventos pocos meses antes, es porque el coso reunía las condiciones de seguridad, luego heredó la plaza en buenas condiciones y, si después se consideró en ruinas, es porque su Ayuntamiento no se había encargado del mantenimiento.

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Momento en que la plaza estaba más deteriorada. | Fotografía: Las Cuatro Esquinas.

La situación se tradujo en un importante debate político que enfrentó muy duramente a PP y PSOE y que también generó tensión entre muchos vecinos del pueblo, pues la plaza de toros tiene decenas de accionistas. Además, el edificio despertaba nostalgia entre buena parte de los pricenses dado que fue construido en 1912 y fue el lugar en el que varias generaciones pasaron buenos momentos en familia y amigos.

En marzo de 2002 se hundió uno de los muros y, dos meses después, el Ayuntamiento ordenó demoler más de la mitad de la plaza, pues los técnicos habían apreciado que 11 de sus 20 paredes estaban en “peligro de derrumbe”. Los propietarios ejecutaron la demolición y la plaza quedó al descubierto durante más de una década, hasta que se reconstruyeron los muros y se llevaron a cabo otras intervenciones con el propósito de habilitarla para que de nuevo se pudieran celebrar en ella eventos taurinos. Supuestamente las reformas fueron insuficientes y esto, unido a la falta de entendimiento entre la Alcaldía de Azucena Redruello y los administradores de La Locura, hizo imposible que el edificio pudiera tener algún tipo de uso.

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