La Vivienda de Mayores amplía y mejora sus servicios

A sus 93 años, Leopoldo ya puede decir que tiene huerto en dos pueblos. En Alcantud, donde ha pasado casi toda su vida, y ahora también en Priego, a donde se ha trasladado para acompañar a su mujer, Margarita, en la Vivienda de Mayores. El huerto que ha plantado en el jardín de esta vivienda es el que abastece de pepinos y tomates a las ensaladas que cada día se ponen sobre la mesa a la hora de la comida, una mesa que Leopoldo comparte con otras siete personas que, como él, son mayores pero aún tienen cierta independencia. Si están aquí es porque, en definitiva, la vida les resulta más sencilla, y más segura, ahora que su agilidad empieza a fallar.

Lejos de perder protagonismo tras la apertura de la residencia, la Vivienda de Mayores de Priego ha ganado ambición en los últimos meses. Pepa Stoynova, gobernanta de la vivienda, recibe a Las Cuatro Esquinas para explicar en detalle algunas de las novedades que ella y sus compañeras han impulsado para enriquecer y ampliar este servicio público que está subvencionado por la Junta de Castilla-La Mancha.

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Los ocho residentes de la Vivienda de Mayores en el salón principal. | Fotografía: Gabriel Arias.

Destaca principalmente que, a partir de ahora, la vivienda estará abierta a quienes necesiten utilizarla durante sólo unos días. “Si los hijos cuidan a sus padres y quieren irse de vacaciones, aquí saben que vamos a cuidar de ellos porque tienen comida, teleasistencia, lavandería, y se les va a facilitar la medicación”, explica Pepa como ejemplo.

O quizá no haya unas vacaciones de por medio, simplemente un señor o una señora que todavía no quieren dejar su casa pero, sin embargo, prefieren acercarse a la Vivienda de Mayores para comer y cenar, donde, además, estarán acompañados. El precio que se ha fijado por este servicio especial es de 9 euros por desayuno, comida y cena, 4 euros en el caso de que sólo se quiera una comida. “Sabemos que hay personas en el pueblo que viven solas o en pareja y que comen mal y viven mal, pero no quieren dar el paso de venirse aquí o irse a otro lado”, añade Pepa, que empezó a trabajar como auxiliar en la Vivienda de Mayores durante la legislatura pasada gracias a la bolsa de empleo que se abrió después de que las monjas que vivían en esta casa, cuidando de los ancianos, se fueran de Priego.

Pepa es ahora la gobernanta y, además de ampliar el servicio para que vengan nuevos usuarios, ha introducido otros pequeños cambios que, dice, están siendo un acierto. El horario de atención es mayor (de 08:30 a 14:00 y de 17:30 a 21:00 horas) para que los residentes, cuya media de edad ronda los 85 años, estén acompañados más tiempo y hagan algunas actividades de entretenimiento. Se echan unas risas jugando al teléfono escacharrado, pintando y tapándose los ojos para adivinar olores y texturas. Es una buena forma de compartir el tiempo con otros vecinos de habitación y les ayuda a desconectar de la televisión, que de vez en cuando provoca algunas riñas entre ellos si no se ponen de acuerdo en qué programa ver.

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Patricio enseña orgulloso los dibujos que ha hecho. | Fotografía: G.A.

Otros, como Paquita, de 84 años, también encuentran el momento de bajar al pueblo para abrir sus casas, dar de comer a sus gatos (una de ellas acaba de parir, dice) y visitar a quienes han sido sus vecinos durante toda la vida. Eso les hace sentir que siguen formando parte del pueblo, porque, aunque parezca mentira, muchos de ellos tienen la impresión de que la Vivienda de Mayores está demasiado retirada, y en el fondo no les falta razón, pues la farola que alumbra el acceso a esta residencia es la última farola de Priego.

En general dicen estar bien. No tienen quejas sobre la calidad del servicio, o al menos no ahora, y simplemente piden al Ayuntamiento lo que llevan pidiendo mucho tiempo: que acondicione los alrededores de la vivienda. En este sentido, las trabajadoras hacen lo que pueden ampliando las zonas ajardinadas y ayudando al cuidado del huerto, al que Leopoldo se dedica con especial tesón: “Una persona parada, cuando se quiere dar cuenta no se levanta de la silla. El trabajo levanta a las personas”, dice orgulloso a Las Cuatro Esquinas.

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Leopoldo busca algún pepino entre las matas para presumir de huerto. | Fotografía: G.A.

Después de que en 2016 las monjas insistieran en que la vivienda necesitaba algunas reformas, el Ayuntamiento de Azucena Redruello solucionó muchas de las carencias que tenía el servicio. Por su parte, la nueva Alcaldía ha puesto aire acondicionado (hasta ahora sólo tenían ventiladores) y se ha comprometido a reparar cualquier desperfecto. Pepa, mientras tanto, sigue dándole vueltas a la cabeza para que la Vivienda de Mayores sea cada vez más atractiva no sólo para sus residentes, sino también para todas aquellas personas mayores que ya necesitan ayuda para hacer algunas actividades del día a día, pero que todavía no quieren, o no se atreven, a dejar sus casas.

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