El día que los carlistas de Beteta incendiaron la iglesia de Priego

En 1830 nadie en España confiaba en que Fernando VII fuera a tener descendencia. A pesar de haber contraído matrimonio en tres ocasiones, el rey aún no tenía un hijo que pudiera sustituirle en el trono. La suerte parecía echada y quien estaba llamado a sustituir al monarca era su propio hermano, Carlos María Isidro. Pero, en el último instante, el futuro que para Carlos María ya se antojaba resuelto, cambió de golpe.

Fernando se casó una cuarta vez, ahora con María Cristina de Borbón, y con ella sí pudo contraer a quien sería la futura reina de España: Isabel II. Posiblemente el hermano del monarca respiró tranquilo en un primer momento, pues recordemos que la Ley Sálica no permitía que las mujeres heredasen la corona. Sin embargo, si es que acaso sintió alivio, debió durarle poco tiempo, ya que el rey suprimió esta norma y aprobó la Pragmática Sanción, según la cual, si la única descendencia era una mujer, estaría plenamente legitimada para encabezar el trono.

fernando ii

Fernando VII, en su lecho de muerte. | Pintura de Federico Madrazo (1833).

Tres años más tarde murió Fernando VII, e Isabel II, que apenas había cumplido tres años, fue proclamada reina de España. A Carlos María no le gustó en absoluto la maniobra que su hermano había llevado a cabo antes de morir, una maniobra que, a fin de cuentas, le había costado el trono. Y consciente de que contaba con el apoyo de amplios sectores de la sociedad y el Estado, Carlos María Isidro anunció que no reconocía a Isabel II como reina, dando así comienzo a una guerra civil que enfrentó a los partidarios de uno y de otra: los carlistas y los isabelinos.

Uno de los sublevados carlistas fue el general Ramón Cabrera, que se encargó de controlar los territorios que quedan entre Madrid y el Levante. En septiembre de 1839, Cabrera y sus soldados llegaron a Priego e instalaron allí su cuartel general provisional, según informó el periódico El Piloto. A finales de mes, la tropa puso rumbo a Beteta, donde tomó el castillo para convertirlo en la fortificación desde la que poder controlar un amplio territorio de las provincias de Cuenca y Guadalajara.

Los soldados que estaban apostados en Beteta recorrían cada día los pueblos de la comarca para mantenerlos bajo su control y obligar a sus vecinos a que trabajasen para ellos. No sólo les utilizaban como mano de obra para construir las instalaciones defensivas, sino que también les exigían cabezas de ganado y alimentos. Algunas personas se opusieron a esta explotación –un gesto que les valió ser torturados o secuestrados–, y en cambio, otros se ofrecieron incluso para batallar.

castillo beteta

El castillo de Rochafría (Beteta) sirvió de cuartel general a los carlistas. | Fotografía: Ayuntamiento de Beteta.

Los carlistas de Beteta realizaron múltiples incursiones a Priego exigiendo y robando provisiones, alterando en todo momento la convivencia de las 1.700 personas que vivían en este pueblo. Pero no fue hasta el domingo 1 de diciembre de 1839 cuando los hombres de Cabrera asestaron el golpe definitivo contra esta localidad.

“Antes de ayer se veía salir mucho humo de Priego –informaba El Piloto el 3 de diciembre– y según noticia que de la gente venida de aquella parte, se sospecha que la facción de Beteta ha quemado la iglesia de dicho pueblo, para impedir que sirva de punto de apoyo u hospital a nuestras tropas”. El periódico confirmaba la noticia a continuación: “La iglesia de Priego, que era un escelente [sic] edificio, ha sido efectivamente quemada por la facción”.

iglesia incendio recorte el correo

Recorte del periódico El Piloto, publicado el 9 de diciembre de 1839, en el que se confirmaba el incendio sufrido por la iglesia de Priego.

El 9 de diciembre, El Castellano ofrecía nuevos detalles sobre los hechos ocurridos en la localidad pricense: “Por parte que se ha recibido en esta ciudad, se ha sabido que 40 caballos procedentes de Beteta, han bajado a Priego y quemado su iglesia parroquial (viva la religión)”. Y ese mismo día, que era lunes, El Eco del Comercio también llevaba este asunto entre sus páginas: “Parece que unos cien facciosos de los del fuerte de Beteta han hecho una salida casi a vista de nuestras tropas, e incendiado la iglesia de Priego, por sospechar querían estas fortificarla. Era uno de los mejores templos de esta provincia”.

Éstas son las crónicas que ha podido recuperar Las Cuatro Esquinas gracias a la hemeroteca de la Biblioteca Nacional. Lo que de ellas se interpreta es que los carlistas del fuerte de Beteta incendiaron la iglesia de Priego para que las tropas isabelinas, que debían de estar próximas al pueblo, no pudieran utilizarla como cuartel general. No se conoce otra motivación que contradiga estos relatos, que parecen totalmente verosímiles si tenemos en cuenta que el lema de los carlistas era “Dios, patria y rey”, por lo que parece bastante probable que quemaran la iglesia de Priego por una cuestión estratégica, y no por rebeldía con el clero o falta de fe.

En los periódicos de la época no se hace referencia a los enormes destrozos que sufrió el templo pricense, construido en 1540. De estilo gótico tardío, la iglesia tenía una estructura idéntica a la actual: tres naves que desembocan en el altar mayor. Por efecto del fuego, el techo de las naves se vino abajo completamente, y sólo quedó en pie la techumbre que cubre el crucero de la iglesia, es decir, la zona del altar mayor en la que se encuentran los retablos. La torre quedó intacta.

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Bóvedas que se mantuvieron en pie durante el incendio de 1839. | Fotografía: Gabriel Arias.

Según explica Arturo Culebras en su libro Puerta del Cielo, los vecinos de Priego reconstruyeron la iglesia cuando la primera guerra carlista había terminado, dedicando a este costoso trabajo un total de cuatro años y 130.000 reales.

Pese a todos los esfuerzos, la iglesia nunca volvió a ser la misma. Antes del incendio, las naves estaban coronadas por bóvedas de crucería (acabadas en arcos puntiagudos), algo que cambió durante la reconstrucción, pues se diseñaron bóvedas de cañón (acabadas en arcos de medio punto). Las diferencias entre una y otra pueden observarse en la siguiente imagen.

bovedas iglesia

Diferencias entre bóveda de crucería y bóveda de cañón.

Pero además del estilo, también cambió la altura de las bóvedas. Las dos naves laterales eran tres o cuatro metros más altas de lo que son hoy día, algo que se puede apreciar con perfecta claridad en los muros de la iglesia, en los que han quedado dibujadas para la historia las siluetas de las antiguas bóvedas, e incluso quedan restos de los nervios que las decoraban y que imprimían en el edificio la sensación de que los techos eran aún más altos. A juzgar por todos estos detalles, no resulta difícil imaginar que la iglesia de Priego, que hoy sigue siendo una de las más grandes de la comarca, sería bastante espectacular en aquella época.

El incendio también dejó su huella en las paredes del templo. Algunas de ellas se desplomaron y, al ser reconstruidas, se utilizaron sillares distintos a los propios de la iglesia, lo cual nos permite contemplar sin ninguna dificultad qué partes del edificio tuvieron que ser levantadas de nuevo.

Se desconoce, al menos de manera fehaciente, si el incendio que provocaron los carlistas de Beteta afectó por igual a las obras de arte que se presupone que habría en el interior de la iglesia. Lo explica a este periódico Francisco Martínez, párroco de Priego, que asegura que el archivo parroquial en el que podría haberse hallado esa información fue destruido “en la contienda de 1936”, durante la Guerra Civil Española. Y es que, también durante este conflicto, ocurrido un siglo después, la iglesia de Priego sufrió algunas pérdidas, siendo la más importante de ellas el retablo, que acabó reducido a cenizas (el actual fue instalado en la década de 1990).

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Silueta que aún se conserva de la bóveda de crucería que cubría las naves de la iglesia antes del incendio de 1839. | Fotografía: Gabriel Arias.

El pelotón de Beteta siguió cometiendo tropelías en todos aquellos pueblos en los que se detenía para hacer acopio de provisiones. Y en sus idas y venidas a Priego, en enero de 1840, cuando podría decirse que de entre los escombros de la iglesia todavía salía humo, los carlistas ejecutaron al alcalde pricense. Así lo narró El Correo Nacional en su edición del 21 de enero: “El infeliz alcalde de Priego ha sido fusilado días pasados; se han llevado rehenes tratándoles con la mayor inhumanidad, y todo es llanto y aflicción por estos pueblos”. La situación era de tal gravedad que el corresponsal de este periódico pedía al comandante isabelino de la provincia de Cuenca que “fijase sus miras protegiendo el pueblo de Priego, como llave principal de las espediciones [sic] facciosas”.

Pocos meses después, en junio de 1840, los carlistas de Beteta anunciaron su retirada al encontrarse prácticamente acorralados por las tropas isabelinas, ante las que no podían defenderse por carecer de recursos suficientes. El día 15 de ese mes, los soldados de Isabel II recuperaron Beteta.


Este artículo se ha realizado con la ayuda de Jorge Garrosa, editor de la revista Mansiegona, e investigador del papel que jugó Beteta durante las Guerras Carlistas.

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Un comentario en “El día que los carlistas de Beteta incendiaron la iglesia de Priego

  1. Puede que no fuera la mayor pérdida, pero también se perdió el órgano de tubería que estaba en la pared izquierda del coro (la barandilla aún recuerda el hueco del asiento del organista). Algunos mayores, entonces niños, recuerdan jugar a soplar con los tubos que encontraban desperdigados en el atrio.

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