Las verdaderas historias de Agapito Nakamura: “El villancico”

Andaba Estebanillo presentando su primera exposición de fotografías en la sala “No hay bolchevique bueno” de Buciegas, con varias personalidades del mundo de los detergentes entre los invitados:

– Yo creo que va a ser un acontecimiento histórico…

– Bueno, con que saque para cubrir gastos…

– De todas formas, tengo una duda, ¿Por qué en todas las fotos sale una lata de sardinas en escabeche en alguna parte?

– Son cosas del peso especifico de la propia foto, ¿Entiendes?

– Ah, sí, sí, claro. (Howard se quedó pensativo).

– Pues eso.

(Howard cambió de conversación)

– Estebanillo, mañana por la mañana voy a sembrar unas habas tardías, en cuanto acabe, te busco para irnos a resolver un caso.

– ¿De qué se trata?

– Mañana te enterarás, que lo quieres saber todo.

(Esa noche Estebanillo soñó que era un fotógrafo de fama internacional y que todas las agencias se lo rifaban. Howard lo despertó a bocinazos a las 11 de la mañana pasadas, montado en su 850 Senator).

– ¿Qué caso hay que resolver, Howard?

– La directora del coro de una importante fábrica de almohadones de cañizo en Casasana me ha encargado que encuentre el manuscrito de un villancico muy antiguo; resulta que han falsificado varias estrofas del original que tenían en la fábrica y nadie se acuerda de cómo era la versión buena.

– Vaya caso raro.

– La letra falsificada dice así:

“¡Dadme Albricias hijos d’Eva!

¿Di de que dártelas han?

¡Que es nascido el nuevo Adán!

¡Ohy non falta hace que llueva!

¿Es que acabas de regar?

¡Mas cierto es, razón levas!”

 

– Está claro que las últimas tres estrofas han sido manipuladas por algún desaprensivo y la directora no sabe qué hacer, pues todos los años lo cantaban a cuatro voces el día que repartían las cestas de la empresa.

– Este, y aquel caso que nos encargaron del infiltrado en una huelga de osteópatas, se llevan la palma.

– Lo que hay que hacer es ponerse manos a la obra. Ya tengo una cita con el capellán de la Abadía de Torralba, que fue maestro cantor e hipnotizador de vampiros.

(Howard y Estebanillo encontraron al capellán en un coto de pesca, almorzando con su familia, que era bastante numerosa).

– Buenos días, veníamos a ver si nos pudiera ayudar con este caso (Howard le explico los pormenores y el capellán asintió mientras se echaba al buche la ultima chuleta).

– Esto es pan comido. Cuando vaya a la Abadía mañana les consigo el cántico bueno.

(En estas, vino un monaguillo disfrazado de chófer, se metió toda la familia en el Gordini –eran ocho–, y se perdieron armando una buena polvareda).

– – –

(Cuando Howard y Estebanillo llevaron a la fábrica la versión buena, ya era demasiado tarde; la directora, a propuesta de algunos componentes del coro, ya había decidido cantar otro villancico que se sabía toda la fábrica).

“La Virgen tiene un Seiscientos

San José un Catorce treinta

Y el niño lora que llora

Porque quiere un Milquinientos

Ande ande ande…”

cof

Original del villancico | Imagen: Miguel Ángel Marquina.

Miguel Ángel Marquina

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