Cañamares afronta con algunas complicaciones la recuperación de su bosque incendiado

Termina octubre en la Serranía de Cuenca. El campo está más seco que nunca y a las seis de la tarde el termómetro del coche todavía marca 15 grados. Empujadas por el viento, las hojas de los chopos, amarillas como el Sol que ya se esconde, caen al Escabas, cuyo rumor es cada vez más tenue por la escasez de lluvia. Este año, y aunque solo sea un poco, la sequía ha desdibujado el otoño en el valle de Cañamares, pero sus vecinos dan gracias. Se consideran afortunados porque todavía conservan el enorme patrimonio natural que a punto estuvieron de perder en agosto, cuando un incendio se cebó con las montañas que rodean al pueblo.

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Vista aérea de la zona afectada por el incendio de Cañamares, en color marrón | Foto: SEIF Cuenca.

El fuego se comió parte del bosque y dejó una huella que no desaparecerá hasta pasado un tiempo. La mayoría de los pinos calcinados quedaron en pie, y su hoja, la pinocha, está seca y sigue agarrada a las ramas, de ahí que la zona afectada por el incendio haya adquirido esos tonos marrones. El viento y la lluvia acabarán pudriendo la madera, así que en pocos meses solo quedará vacío. Será entonces cuando el color marrón dará paso a la oscuridad de las cenizas que cubren el suelo.

Con un poco de suerte –y si llueve con delicadeza–, cuando eso ocurra ya habrá crecido algo de vegetación. Romeros, aliagas y encinas volverán a ocupar el espacio perdido, y el viento y los animales se encargarán de llevar de aquí para allá las semillas de las que nacerá el bosque. Pero además, a este ciclo natural contribuirá la mano del hombre. Con el propósito de que la recuperación sea lo más rápida posible, y para evitar algunos de los problemas que surgen durante el ciclo natural, las autoridades medioambientales ya están valorando qué medidas tomar en el corto y medio plazo.

El principal inconveniente que ha surgido es que todo el terreno afectado por el fuego es de propiedad privada. Hay aproximadamente 500 parcelas, cada cual con su correspondiente propietario, y es posible que muchos de ellos ni siquiera sepan que tienen una finca allí. Esto puede dificultar el plan de recuperación porque es necesario avisar a todos los propietarios para transmitirles cuáles son las medidas que tienen que adoptar en sus terrenos e intentar que se apliquen al mismo tiempo. Para agilizar los trámites, el Ayuntamiento de Cañamares ya dispone de un listado de propietarios que cualquier interesado puede consultar.

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Muchos de los pinos han conservado sus copas | Foto: Gabriel Arias.

Según informan a Las Cuatro Esquinas fuentes medioambientales, de momento se ha aceptado que algunos dueños puedan hacer leña con los robles y encinas que se quemaron parcialmente durante el incendio. En cuanto a los pinos, estas mismas fuentes subrayan que, para evitar plagas, es imprescindible sacar del monte todos los árboles que murieron calcinados. Y en este caso vuelve a surgir el inconveniente de la propiedad. Lo más útil es que todos los titulares acuerden un precio para la madera de sus fincas y se la vendan en un mismo lote a una empresa maderera. Si no fuera posible el acuerdo, la retirada de pinos sería mucho más lenta de lo deseable.

Eso sí, las fuentes consultadas por este periódico hacen mucho hincapié en que no podrán talarse aquellos árboles que estén “verdes o semiverdes” porque serán estos los que se encarguen de acelerar la regeneración de El Monsaete. Por lo tanto, los propietarios que quieran empezar a gestionar la madera de sus fincas tendrán que dirigirse previamente a los agentes medioambientales, que serán quienes les concedan la autorización y las indicaciones pertinentes. Una vez que se hayan retirado los árboles, la Junta o los propietarios deberían empezar con la repoblación del terreno.

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Muchos de los pinos afectados están rodeados por otros árboles que quedaron prácticamente intactos | Foto: Gabriel Arias.

Ardieron menos hectáreas de las previstas

Los primeros cálculos que se realizaron tras darse por extinguido el fuego estimaban en 185 las hectáreas de terreno que se habían visto afectadas por el incendio. Sin embargo, el perimetraje con GPS que han llevado a cabo los investigadores ha rebajado la superficie quemada a 159 hectáreas, 26 menos de las anunciadas en un primer momento.

Es un dato ínfimo si se compara con las 1.800 hectáreas que se quemaron en 2009 en Poyatos, siendo este uno de los incendios más graves que se recuerdan en la Serranía de Cuenca. Además, con el agravante de que las llamas fueron provocadas por un hombre que estaba enemistado con dos vecinos de la comarca. Para vengarse de ellos, prendió fuego a una finca de la que eran propietarios, desencandenado así una tragedia que arrasó este Parque Natural de altísimo valor ecológico. El autor del incendio, Lorenzo Ruiz, fue condenado a 10 años de cárcel en 2016.

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El incendio se quedó a escasos dos kilómetros del pueblo | Foto: Gabriel Arias.

En el caso de Cañamares se temía que el incendio pudiera ser tan grave como este último precedente. El fuego se detectó a las nueve y media de la noche, justo cuando el Sol empezó a ocultarse, de manera que los medios aéreos no pudieron desplazarse hasta el lugar de los hechos. Otro factor en contra fue el viento, que soplaba con mucha fuerza, y sin bien hizo que las llamas se extendieran con rapidez en un primer momento, después acabó siendo un aliado ya que empujó el fuego en dirección al Rodenal de Priego, alejándolo de El Monsaete, donde habría provocado una tragedia aún mayor.

Aquella noche trabajaron con todas sus fuerzas los servicios de extinción, y a la mañana siguiente, con el viento algo más calmado, se incorporaron decenas de efectivos que consiguieron apagar el fuego a lo largo de la jornada. Diez días después, se dio por extinguido completamente.

Finalmente, las consecuencias del fuego fueron mucho menos graves de lo que se preveía. Las fuertes rachas de viento provocaron que las llamas se extendieran muy rápido por la superficie del monte, arrasando los arbustos y matorrales pero afectando en menor grado a los árboles grandes. En cambio, quedaron totalmente calcinados los pinos que se encontraban en las laderas de la montaña, donde el fuego suele ser más virulento.

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Algunas partes de la montaña sufrieron los efectos del fuego con mayor brevedad | Foto: Gabriel Arias.

En cuanto a las consecuencias que este incendio ha tenido para la fauna de El Monsaete, los investigadores aseguran que no encontraron ningún animal muerto dentro de la zona quemada. Posiblemente los jabalíes, ciervos, zorros y otros animales de tamaño similar pudieron huir a tiempo, y quizá sí hubo que lamentar alguna pérdida entre los pequeños mamíferos. Lo que está claro es que ninguno de ellos va a hacer vida dentro del perímetro calcinado hasta que el bosque vaya regenerándose poco a poco, algo en lo que ellos también tienen un papel decisivo: la mayoría de estos animales suelen comer plantas y frutos, así que en sus heces es normal encontrar pequeñas semillas que, al volver a la tierra, permiten que nazca la nueva vegetación.

Entre tres y cinco años para que el bosque se recupere

Las fuentes medioambientales que han atendido a Las Cuatro Esquinas calculan que los colores verdes volverán al monte cuando hayan pasado entre tres y cinco años. Para entonces habrá crecido la pequeña vegetación y, al menos, el monte ya no tendrá esa mancha oscura que se aprecia actualmente desde la carretera que conduce hasta la playeta, paso frecuente de turistas y una de las estampas más fotografiadas de Cañamares por la presencia del mimbre a lo largo y ancho de la vega del Escabas. Pero el proceso es largo y se necesitará medio siglo para que los nuevos pinos alcancen el tamaño que tenían tenían aquellos que se quemaron en el incendio.

Para que la recuperación sea rápida, y para evitar que el terreno sufra daños —por ejemplo desertificación—, es imprescindible que los propietarios se comprometan a aplicar las medidas que les recomienden las autoridades. Es responsabilidad de todos que Cañamares vuelva a disfrutar cuanto antes de su rico patrimonio natural.

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Entre la pinocha y las cenizas ya está creciendo el nuevo bosque | Foto: Gabriel Arias.

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