Las verdaderas historias de Agapito Nakamura: “Hijo mío, vete preparando porque el futuro ya no es lo que era”

bladeRunner owl

(Anónimo Siglo XXI)

Aunque sabemos que a quien lea estas líneas, le resultará muy raro entender que ahora somos dos robots-mochuelos mayores de edad con inteligencia artificial, y que mientras escribimos esta carta, nuestro ordenador-cerebro marca la fecha 04-Agosto-2683, queremos contar esta historia, por si les puede servir a los que viven en el presente y corriente siglo XXI. Dicen que se aprende de los errores del pasado, y es cierto, pero es mucho más útil aprender de los errores del futuro, y nosotros queremos hacerles ese favor.

El final de nuestra primera vida la pasamos como Emiliano y Eloísa, un matrimonio de Millana (Guadalajara). Agricultores por cuenta propia, tuvimos dos hijas, que no sin esfuerzo por parte de todos, acabaron estudios de Derecho y Periodismo, una cosa cada una.

Antes de morir como humanos, pudimos conocer a una nieta, la de la mayor etc., etc… hasta aquí todo normal.

Trescientos treinta y tres años más tarde, nos reencarnamos en dos golondrinas comunes, una cada uno, y anidamos sin saberlo y por pura casualidad en la “casa” de nuestro tatatararanieto.

Desde el nido podíamos ver una habitación con una especie de esfera de color aluminio, que no dejaba de dar órdenes inquietantes, y en las pausas salía un descendiente de Eduardo Inda dando opiniones “contrastadas” de todo lo que se movía. También había tres esferas más pequeñas, donde la mayor parte del tiempo se encerraban los tres habitantes de la “casa”. No veíamos un solo árbol por el contorno, y el aire olía a plomo al “pesto”.

A la semana de estar allí, y ya con ganas de emigrar a otro lugar, la niña se fijó en nosotras y emitió un ruido muy extraño que salía de un artilugio que llevaba atado en la mandíbula. Al rato vino el padre y nos roció con un gas horrible para las golondrinas, y nos pulverizó en el acto. Se conoce que también tenían alergia a los pájaros, los pobres. Si supiera que en el fondo estaba matando a sus “heptabuelos”…

Trescientos treinta y tres años más tarde de ser asesinadas como golondrinas comunes, es decir, hoy para nosotros dos, nos reencarnamos en mochuelos adultos con inteligencia artificial, y os aseguramos que lo que están contemplando nuestros ojos es demasiado duro incluso para dos mochuelos de latón adultos, con reloj digital waterproof de esos y todo lo que tú quieras.

Fin.

Miguel Ángel Marquina

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