Las verdaderas historias de Agapito Nakamura: “El fin de las fiestas”

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Los músicos están terminando de recoger los trastos bajo la atenta supervisión del tonto del pueblo. El aguacil riega la plaza con una manguera gris que tiene dos líneas negras a lo largo, antes la ha barrido con un escobón igual al que utilizan los segadores para barrer la era. Tres amigas de alrededor de 17 años, están sentadas en una ventana baja del Ayuntamiento, observando, calladas, el fin de las fiestas del pueblo.

De las tres, dos se van mañana a la capital, a estudiar. La otra se queda en el pueblo. Si  le diéramos un poco de volumen a sus pensamientos, podríamos oír a las dos que se tienen que marchar decir que no quieren irse, al menos todavía; a la tercera, se le oiría decir que se marcharía muy lejos esa tarde mismo.

Se levantan. Ya está anocheciendo, las calles se han vaciado de repente, todo da una impresión de relajamiento, quizás preparándose para la nueva rutina del pueblo. Un gato a pintas marrones y blancas, cruza la calle mirándolas, desconfiado.

Siguen andando despacio, hablan sobre la próxima vez que se podrán juntar. Una de ellas mira hacia atrás extrañada; cree escuchar una musiquilla que viene de los coches de choque, pero no, el camión con los coches ya debe estar más allá de Salvacañete.

Miguel Ángel Marquina

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