Las verdaderas historias de Agapito Nakamura: “Agua tibia bajo un puente rojo”

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Hoy Howard Carralero anda medio “torozao”. Ha pasado la noche en la choza de un huerto, vigilando este puentecillo del río Escabas,  y a ratos jugando al cinquillo con su ayudante Estebanillo Grajales.

A las cuatro de la madrugada, observaron los primeros movimientos; cinco miembros de “Los Tarambana” pasaban por el puentecillo rojo una partida de trébedes de contrabando, camufladas en fundas para bandurrias de mimbre  –y seguramente robadas en el bingo abandonado cerca de la carretera entre Tinajas y Porlalrubio de Guadamejuz– . Se dirigieron a las ruinas de una antigua fábrica de mantas, y escondieron la mercancía en un sótano lleno de escombros y lo taparon todo con un montón de cáscaras de habas secas.

Esto de las tendencias no hay quien lo entienda. Resulta que se ha puesto de moda en las grandes compañías de biología molecular japonesas: ponen unas trébedes oxidadas en la entrada principal, y como el mercado escasea, se llegan a pagar precios astronómicos…

Pero hoy Howard tiene un dilema. No sabe si denunciar a la banda de “Los Tarambana” o esperar unos días a que lleguen los japoneses a por las trébedes y convencerlos para irse con ellos a conocer el país del sol naciente. Sí, agua tibia bajo un puente rojo, y cerezos en flor…

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