Carta del redactor: Tus hijos son unos cerdos

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Flores descoloridas, flores secas, macetas y plásticos acumulados en el cementerio.

OPINIÓN | Durante los primeros meses de la actual legislatura el cementerio de Priego quedó sumergido en un bosque de hierbas. Crecían entre las tumbas, a los pies de los nichos y en los huecos de tierra que se han creado para futuros huéspedes. El Ayuntamiento de Azucena Redruello tardó hasta que atendió la demanda de todos aquellos que pedían una limpieza en profundidad. No solo la maleza se estaba apoderando del camposanto; también las avispas, que habían creado su reino a la sombra de las tejas y uralitas que cubren las fosas. Muchos fueron los que se pusieron en contacto con este periódico para recordar que cada año pagan un dinero para que se invierta en el mantenimiento del cementerio. Tiempo después, el Ayuntamiento hizo caso. Es más, ahora está limpio como pocas veces se ha visto, se han reformado sus tapias y los contenedores no tienen montones de basura a su alrededor.

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Tumba utilizada como basurero.

Pero todavía sigue habiendo mucha suciedad, aunque esta dependa en menor medida del servicio de limpieza municipal. Es la suciedad que generan quienes respetan mucho a sus muertos y muy poco a los vivos y a los muertos de los demás. Son las flores, las macetas, los plásticos y otros deshechos que se acumulan en determinados rincones, a los que han llegado no empujados por el viento sino por la mala fe.

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Fosa convertida en un auténtico vertedero.

Los hay que no dudan en utilizar como contenedor una vieja tumba a la que se le ha derrumbado la lápida. Otros, quizá porque esta tumba les quedaba lejos, o quizá porque no la vieron, optaron por deshacerse de su basura en los agujeros que se han cavado para cuando, desgraciadamente, tengan que ser ocupados. Y a otros muchos se le ocurrió la genial idea de tirar sus ramos de flores descoloridas al otro lado de la tapia.

“Tus hijos no te olvidan”, puede leerse en una cinta plateada que brilla desde lo más profundo de una fosa. Tus hijos, lo que son, es unos cerdos.

Gabriel Arias, redactor de Las Cuatro Esquinas

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