Las verdaderas historias de Agapito Nakamura: “El día que se paró el pueblo”

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Aquel día, el reloj de la plaza se paró a las doce de la mañana, y con él se paró todo el pueblo.

Los vencejos  que revoloteaban  sin cesar alrededor de la torre, ahora  son  manchas inertes en el cielo, y se diría que quieren desafiar a sus sombras para ver quién se queda más quieto.

Un chico bebiendo a morro del caño de la fuente, permanece en esa postura, algo forzada, la verdad;  cuando vuelvan a avanzar las agujas, seguro que tendrá  unas agujetas horribles.

El vendedor ambulante, se ha quedado clavado con unas cerezas en la mano, ofreciéndoselas a una señora  teñida de rojo, las iba a aceptar, pero no podemos saber si a la señora le seguirán apeteciendo cuando se reanude la vida en el pueblo.

Aunque el caso más curioso es el del alcalde; pidió la dimisión precisamente a las doce, alegando que al pueblo le hacía falta un cambio de ritmo.

Miguel Ángel Marquina

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