“Cuando viene el mercadillo se venden macetas y, sin embargo, yo he tenido que dejar de hacerlas”

“¿Conoces a alguien que viva sólo de la artesanía? Pues yo estoy viviendo?”, asegura Jesús Parra, más conocido como Torerillo, uno de los tres alfareros de Priego que aún hoy día siguen pringándose de barro. “Hay que hacer milagros y no tener otra vida, ni sábados ni domingos. Y así llevo 30 años de autónomo”, comenta señalando un viejo recorte de prensa en el que se dice que su alfarería era una de las más exitosas de la provincia.

De aquello hace lo menos 2.000 botijos (los que llevará hechos desde entonces), y las cosas han cambiado bastante: “Hay mañanas que entra una persona y días que no viene nadie”. Y como su tienda, el resto.

jesús parra alfarería

Jesús Parra, pringado de barro, en su alfarería de Priego. | Fotografía: EcoExperience.

Vivían del barro 40 familias en Priego cuando para cocinar era necesario un completo juego de piezas: botijos, platos, vasos, orzas… Bajaban a comprarlos desde todos los rincones de la comarca. Año tras año, el negocio fue desapareciendo hasta convertirse en algo testimonial. “Con la apertura del turismo volvió a apostarse por la alfarería”, pero esta vez como elemento decorativo, explica Joaquín Magán. La gente regalaba los cántaros con el dibujo de la espiral celtíbera (que, según Torerillo, simboliza la vida, la fuerza). Ahora, con la crisis, “raro es el que tiene 50 euros para gastarse en cerámica”, reconoce Magán, y añade que quienes siguen comprando prefieren útiles para la cocina.

Hasta que empezó la crisis, él dedicó todos sus esfuerzos en “vender al por mayor” porque suministraba “a varias tiendas de Cuenca”. Ahora, salvo algún pedido excepcional, la cerámica de Magán viaja poco.

Es más, ha ocurrido precisamente lo contrario: algunas alfarerías de Priego se han visto forzadas a comprar fuera parte de lo que venden, como por ejemplo Jesús Parra Fernández. En su negocio, pegado a la gasolinera, vende alfarería hecha por él mismo y oestas de mimbre y piezas de madera que importa de otros municipios. Pese a todo, Jesús sigue trabajando el barro casi a diario. “Nos podemos ir manteniendo, pero si tuviéramos alguna ayuda, mejor”.

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Así es el taller de Jesús Parra Fernández. | Fotografía: Gabriel Arias.

Efectivamente, este sector, como otros muchos de la artesanía, carece de cualquier financiación pública. “Con los recortes han desaparecido todas las ayudas a la cerámica y su promoción”. Promoción que sí hace el Ayuntamiento cuando obsequia con piezas de barro a los ganadores de una competición o a quienes participan en algún certamen.

Pero, ¿consume cerámica la gente de Priego? “Claro que sí, cuando te compran un regalo para un amigo de Madrid se están llevando parte de nuestra historia y me están ayudando a vivir”, explica Torerillo. Igual razona Joaquín, pero también reconoce que “cuando viene el mercadillo se venden un montón de macetas y yo he tenido que dejar de hacerlas”. Para Torerillo ésto tiene su explicación: “la gente prefiere lo barato, y aunque la maceta de plástico se pudre, de momento has tenido que pagar menos”.

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Joaquín Magán dando forma a una de sus piezas. Fotografía: Ciudades de la Cerámica.

“Hay coleccionistas que vienen buscando expresamente el cántaro típico de Priego”

“Yo tengo el negocio enfocado al turismo, sobre todo porque entra mucha gente que sube a la Sierra”, indica Jesús Parra. Su tienda tiene una posición privilegiada al estar en la carretera que entra al pueblo desde Cuenca y Madrid. Evidentemente, surge la duda: quienes paran en su tienda, ¿paran de rebote o paran porque vienen buscando exclusivamente cerámica? “Hay de todo, desde gente que no sabía que aquí se trabaja la artesanía, hasta coleccionistas que vienen buscando expresamente el cántaro de Priego”.

Todos los alfareros entrevistados coinciden en que muchos de sus clientes suelen repetir todos los años. “Vienen muchas personas que pasan el verano en Fuertescusa, La Frontera, Canalejas… porque luego les gusta regresar a sus ciudades y decir: ‘mira, esto es de mi pueblo’”, comenta orgulloso Magán. Él ha tenido que darle un color diferente a su alfarería. Pasó del marrón áspero (sin esmalte) al verde y naranja brillantes. “Me dicen que parecen productos del IKEA, pero cuando la gente entra en la tienda escuchas los comentarios: ‘esto es otra cosa’. Y también les gusta que una pieza artesanal parezca algo nuevo”.

En el caso de Torerillo, emplea buena parte de su tiempo en pequeñas figuras que parecen llamar la atención de los turistas. “Son imanes de barro representando el castillo de Priego, la iglesia o las Casas Colgadas. Es lo que más se vende, por tres euros…”. Desde luego es éste un cambio importante que afecta a las raíces de esta veterana profesión, pero que, del mismo modo, está ayudando a mantenerla viva.

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